Una correspondencia sonora nacida durante mi segunda salida de Honduras para mantener vivo el hilo con el país: historia, literatura, memoria, periodismo y política vistos desde la distancia.
Cartas de la diáspora nació en 2019, poco después de mi segunda salida de Honduras. Ya había vivido una especie de autoexilio en 2011. Había salido del país después de producir ErgoSum y conocía bien el precio de la distancia: no solamente extrañar un lugar, sino comenzar a perder la conversación cotidiana con él, sus ritmos, sus discusiones, sus afectos, aquello que nos mantiene unidos al ombligo.
Regresé a Honduras en 2014. Durante los años siguientes trabajé en El Pulso, publiqué El pescador de sirenas y volví a involucrarme de lleno con la vida cultural, política y periodística del país. Cuando salí nuevamente, en julio de 2019, no quería repetir aquella desconexión. Necesitaba mantener un hilo con Honduras: seguir leyendo lo que ocurría, hablar con quienes estaban allí, volver sobre su historia, su literatura y sus conflictos. Mantenerme conectado, aunque fuera mentalmente, con un país del que estaba físicamente lejos.
En octubre de 2019 viajé a Nueva York para cubrir el juicio de Tony Hernández. Cartas de la diáspora se convirtió entonces también en una extensión de mi trabajo periodístico. Desde una corte federal estadounidense trataba de explicar una parte de la historia reciente de Honduras: narcotráfico, corrupción, violencia y las relaciones entre poder político y crimen organizado.
En marzo de 2020 grabé La Condesa. Ese mismo mes el mundo se cerró. La pandemia transformó nuestra forma de vivir y también de producir. Durante el confinamiento comencé a realizar conversaciones en directo por Facebook con autores vinculados a Casasola Editores. Muchas de aquellas entrevistas terminaron formando parte de este mismo ecosistema: conversaciones sobre libros, escritores, memoria y creación centroamericana.
Durante 2020 y 2021 el programa se acercó cada vez más a la literatura. Por allí pasaron conversaciones sobre Albany Flores, Andrés Moreira, Roberto Carlos Pérez, Javier Suazo Mejía, Kalton Harold Bruhl y otros autores. Esa etapa coincidió con el trabajo de Casasola y con una nueva preocupación por preservar y volver a poner en circulación libros centroamericanos.
En 2021 apareció Tierra de narcos. Ese mismo año salió Cuando el río suena. En 2022, Grijalbo publicó la segunda edición de Tierra de narcos. Mi relación con Honduras seguía ocurriendo desde lejos, pero ya no solamente a través de la nostalgia o la literatura. También estaba allí el país que investigaba: el narcotráfico, el poder, la violencia y las estructuras políticas que durante años había tratado de comprender.
En 2023 el programa llegó incluso al análisis de coyuntura con los episodios de Esta Semana. En 2024 regresé a Nueva York para cubrir el juicio del expresidente Juan Orlando Hernández. Ese mismo año viajé a República Dominicana para una consultoría de la Unión Europea y, en septiembre, regresé a Honduras. Visto desde ahora, Cartas de la diáspora fue la banda sonora de esa segunda ausencia. A través de esas cartas, yo nunca dejé Honduras. Y Honduras nunca me dejó a mí.