Honestamente pensé que me daría más este libro, lo busqué durante más de un año y finalmente, gracias a Roberto Carlos Pérez, pude conseguir una copia, primera edición (no sé si se han hecho más ediciones desde 1920) préstamo de la Universidad de Indiana.

El libro, como el título lo indica, es una exploración bastante superficial de la vida de la famosa bailarina holandesa Mata Hari, acusada por el ejército francés de espiar para los alemanes a finales de la primera guerra mundial y fusilada en 1917.

Mucho se ha escrito sobre ella y su trágico final, la femme fatalle que inspiró muchas novelas de espionaje, pero es hasta ahora que comienza a hacérsele justicia. Lamentablemente el libro de Gómez Carrillo no fue escrito con ánimo de explorar la vida de la bailarina, sino para limpiar la imagen del autor. Enrique Gómez Carrillo escribió este libro en 1920, con el propósito de exculparse de los rumores que circulaban, en donde se le acusaba a él de haber sido quien la entregó a la policía en la frontera con España.

Es fácil imaginar cómo Gómez Carrillo y Mata Hari terminaron juntos en la imaginación colectiva de la sociedad de parís de 1915: ella, conocida bailarina exótica, amante de generales, ministros y embajadores; y él, cronista guatemalteco, modernista, amigo de los poetas simbolistas, famoso por sus muchas amantes y duelos (reales y ficticios).

Lo que no se puede negar, es el placer que produce la lectura de la prosa de Gómez Carrillo. El libro hace un recorrido por la vida de la bailarina Margarita, desde su infancia en Holanda, su triste matrimonio con un capitán, repleto de dramáticas escenas de violencia doméstica, sus años en la India, de donde tomó su personaje “Mata Hari”, su admiración por los hombres de uniforme, que finalmente la llevó a la muerte. La descripción del fusilamiento de la bailarina en el libro es exquisita, repleta de detalles y con el manejo de la narrativa que hizo a Gómez Carrillo el más grande de los cronistas de habla hispana.

Al final del libro, Gómez Carrillo no nos dice si ella era espía o no, él no tenía forma de saberlo. Pudo haberse liberado un poco de los hechos reales, investigar y usar sus recursos como novelista, pero no lo hizo, quizá porque la sangre de la bailarina estaba aún fresca. Nos dice sí, que él no la entregó y se distancia de ella, pero nada más.

En los años 30 el gobierno francés desclasificó el proceso contra la bailarina, que resultó ser inocente de los cargos que la llevaron al paredón y se supo que Gómez Carrillo, muerto en 1926, nada tenía que ver con Mata Hari. Fue hasta entonces que se les hizo justicia a ambos.