Una amiga me mandó el PDF del libro Megathreats de Nouriel Roubini, un profesor de economía de la Universidad de New York que ha trabajado en el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Israel. Presento su currículo para darle validez a los argumentos que expone en su libro, o por lo menos invitar al lector a considerarlos, esperando así ampliar el debate que nos importa: ¿cuál es el futuro que nos espera en Honduras?

Primero debo decir que soy en esencia un apocalíptico, creo que estamos en efecto viviendo el fin de una era y que como todo hijo de mi generación, el futuro que puedo vislumbrar para nuestro país es traumático. Nada nuevo acá, después de todo vivo en una sociedad y en una cultura apocalíptica, existe en la Biblia un libro con ese nombre que habla efectivamente del fin del mundo.

Nouriel Roubini explora en Megathreats las amenazas más importantes que como generación afrontamos en el planeta entero, el sobre endeudamiento de nuestras economías, el fracaso del modelo democrático liberal, el envejecimiento acelerado de la población, el final catastrófico de la globalización, el inicio de una confrontación abierta entre dos potencias económicas, la robotización de la industrialización, las pandemias, el cambio climático. Todas ellas, afirma Nouriel Roubini, serían suficiente para generar una crisis en el modelo social, político y económico del mundo, pero por separado no representan realmente una amenaza, ¿pero todas juntas?

Las advertencias de Roubini no son nuevas en la literatura actual, Yuval Harari explora desde la Antropología los mismos problemas en su libros Sapiens y Homo Deus, al igual que Zygmunt Bauman lo hace desde la Filosofía en su tesis de la Modernidad Líquida. En ese sentido Roudini es uno más de los pensadores modernos distópicos-apocalípticos que nos alertan del futuro lúgubre que nos espera al otro lado del túnel al que ya entramos.

No voy a pretender escribir un resumen del libro, seguro encontrará varios resúmenes en el internet y videos en Tik Tok que le ayude a comprender lo que habla Nouriel Roubini si no quiere leerlo. De hecho no coincido con todos los argumentos que Roubini expone, después de todo, su visión de tecnócrata capitalista del primer mundo le impide ver futuro para a humanidad más allá del capitalismo. Mi propósito entonces es alertar sobre la crisis que se avecina a nuestros países.

Honduras y lo que en categoría política llamamos Tercer Mundo sufrimos desde ya las consecuencias de una crisis creada por los países industrializados y aunque nos desvivamos afirmando que el precio a pagar debe ser proporcional a la responsabilidad de la crisis, lo cierto es que eso no sucederá. Será en nuestros países, vulnerables, abusados por el colonialismo y el neocolonialismo, pobres, inmersos en una epidemia de corrupción y violencia, quienes pagarán el precio más alto. En la crisis que se avecina, los que tengan mayores recursos tendrán, por un tiempo, la posibilidad de escapar de los peores efectos de esta crisis y eso hará aún más difícil la cooperación entre naciones ricas y naciones pobres.

El mundo industrializado ha puesto sus esperanzas en el desarrollo tecnológico para hacer frente a la crisis. Ellos esperan que el capitalismo salvaje les ayude a resolver los problemas que el capitalismo salvaje ha creado. Eso no sucederá, quien ha causado el problema no podrá jamás ver la solución del mismo. Sentarnos a esperar solo aumentará nuestra agonía.

Recuerdo en los años noventa cuando estudiaba materialismo histórico allá por 1995 y leía a autores como Antonio Gramsci o al chileno Helio Gallardo, que escribía desde el final de la Guerra Fría alertando del futuro de las luchas sociales en América Latina. Ya él señalaba el peligro de la falta de horizonte en el pensamiento humano, de la intensificación del modelo extractivista luego del impulso que le dio la caída del muro de Berlin (y El fin de la Historia, como lo describía Francis Fukuyama) del peligro que eso representaba para el planeta. Si bien el marxismo histórico demostró ser incapaz de hacerle frente a la modernidad post industrial, el mundo cambió aceleradamente en los últimos 75 años, a lo menos nos daba eso que pensadores como Nouriel Roubini carecen en sus argumentos: un horizonte hacia dónde orientar nuestras batería, esa capacidad de imaginar el mundo más allá del capitalismo.

No hay que confundir tampoco las cosas. El capitalismo no está en crisis, está más fuerte que nunca. Sucede que la nueva clase oligárquica del planeta , esos que las masas admiran por su capacidad de hacerse con miles de millones de dólares (sin saber realmente cómo es que eso sucede) simplemente ya no nos necesitan. El capitalismo moderno no necesita países como Honduras. Son más bien una carga molesta. Es hora entonces de replantearnos el futuro. Pensar adentro de la caja del capitalismo dependiente neoliberal no nos dará la solución a nuestros problemas, porque no hay solución. Reciclar viejas recetas utópicas del siglo XIX tampoco nos ayudará a encontrar el camino a nuestro futuro, porque el mundo ha cambiado y los retos son nuevos, nunca viejas recetas darán nuevos resultados.

El futuro no es esperanzador, la crisis no terminará, nadie vendrá en nuestra ayuda. Esa es la verdad. Debemos admitirla. Lo antes que lo hagamos, lo antes que podremos imaginar a dónde queremos ir. Quiero creer que aún hay esperanzas.