La suerte está echada para Juan Orlando Hernández. La moneda está en el aire. Hemos visto en estas semanas lo que quizás sea el momento más trascendental de su vida. Uno a uno subieron más de una decena de testigos del fiscal construyendo a retazos un relato convincente, de un narco político que ascendió al poder con ayuda de los grupos criminales más poderosos del país y, ya arriba buscó controlarlos. Un hombre que creó la estructura de un narco estado para perseguir adversarios, cobrar paso de ruta a vasallos, todo mientras mantenía las apariencias de lucha contra el narcotráfico.
En el relato de los fiscales JOH es un hombre cínico y perverso, responsable de prácticamente todo el paso de cocaína por Honduras, de todas los arrestos de narcotraficantes que no se ejecutaron, de todas las muertes de alto impacto que cometieron las estructuras criminales que él fracasó en destruir. La oposición a Hernández celebra ese retrato, lo creen a ciegas, aunque el mismo tenga también dedos acusadores que ellos niegan vehementemente.
No hubo espacio en la narrativa de la fiscalía para la autocrítica. JOH los engaño a todos. Decía colaborar con un Estados Unidos ingenuo (o quizás, perverso), que no vio (o vio no hizo nada) cómo su colaborador más importante en la región era un narcotraficante a gran escala. No hubo un momento para hablar del rol de Estados Unidos en toda esta trama. Incluso el tema del fraude electoral, expuesta en tres párrafos en la acusación original, fue eliminada del proceso, para no dar pie a hablar de cómo Juan Orlando Hernández y Pepe Lobo, subieron al poder y se sostuvieron en él, gracias al apoyo también de los amigos de Washington. Porque en este relato Estados Unidos y los capos del narcotráfico conforman un mismo bando.
La defensa también presentó un caso sólido, una narrativa contraria a la expuesta por la fiscalía. En esa narrativa, sustentada con el testimonio de tres generales, amigos de toda la vida del señor Hernández, y el testimonio del mismo acusado, algo inusual en este tipo de casos, Juan Orlando Hernández Alvarado combatió al narcotráfico desde el primer día; nunca conoció a los narcotraficantes que lo acusan; supo de las andadas sociales de Tony Hernández con criminales y personas de dudosa reputación, intentó corregirle, pero nunca le informaron nada que mostrara que era un narcotraficante (¿de quién es la culpa de eso? ¿Sabemos todo lo que hacen nuestros hermanos? ¿Por qué nadie informó a JOH que Tony era narco?). JOH, el amigo fiel de Washington, el líder moral que combatía a la criminalidad organizada con ayuda de los Estados Unidos. Con menos espacio de acción que la fiscalía, la defensa logró construir una narrativa alterna. Era lo más que podían hacer. Es imposible probar la inocencia en un cargo de conspiración. Pero creo no será suficiente para lograr exculpar al acusado.
Y luego viene el otro gran vacío en este juicio: Honduras.
A último momento la fiscalía decidió no subir al experto en el tema de país que tenían preparado: Dario Euraque, que estuvo entre los asistentes, en la banca destinada a los fiscales, durante tres días. No quisieron subirlo para no someterlo al contra interrogatorio que seguramente se iría a lo político, su vinculación con el gobierno de Manuel Zelaya Rosales, su sesgo al acusado, la carga política de muchas de la fuentes que asumen en el juicio como prueba científica. ¿Quién es el perro amarillo, que filtró las llamadas del Porky? ¿Qué rol juega en el actual gobierno? ¿Quién es la actual presidenta del país?, ¿Qué relación tiene con Manuel Zelaya Rosales, mencionado en varios testimonios? Con esa decisión, de no incluir a Euraque, la fiscalía dejó al jurado en el vacío. Desconocen el país sobre el que están juzgando, no saben cómo funcionan sus instituciones, su historia, las facciones políticas que rigen la vida pública de miles de hondureños.
A eso sumemos las imprecisiones de los fiscales, que señalaron como prueba de las intenciones de Hernández para mantenerse en el poder por 20 años (como dijo el testigo José Sánchez que lo escuchó decir), al “hecho evidente de que se lanzó para la presidencia en 2021”, que lo señalan como el hombre más poderoso del país, en 2010, el responsable de nombrar a Hugo Ardón, el que nombró a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (que fue nombrada en 2009).
El jurado se retirará hoy a deliberar. Con la información que les han entregado decidirán cuál de las dos narrativas presentadas es la verdadera. Nosotros ya conocemos ambas narrativas, porque venimos escuchándolas desde hace más de una década. Sobre esas versiones de nuestro pasado hay miles de muertos, está la destrucción de un estado de derecho que nunca se construyó realmente. El jurado decidirá de quién es responsabilidad el fracaso de la institucionalidad de Honduras sin saber nada de nosotros. Y los hondureños deberemos asumir el resultado.
Pero lejos de aclararnos el panorama, temo, el juicio oscurecerá más nuestro horizonte.
