¿Qué pasó ayer en en Congreso Nacional?
Finalmente, luego de mas de 100 días sin sesionar, el Congreso Nacional de Honduras, presidido por el diputado Luis Redondo, se reunió ayer en una polémica sesión extraordinaria que dejó un amargo sabor de boca en la ciudadanía. La agenda incluyó temas importantes que parecían contar con la aprobación de todas las bancadas y que son altamente populares, como la amnistía municipal y migratoria, la amnistía vehicular y la amnistía energética; pero el tema de fondo era una prematura elección de la junta directiva del Poder Legislativo, que comenzaría funciones hasta el próximo 25 de enero de 2024.
Días antes, el Congreso hondureño fue objeto de fuertes críticas tanto adentro como afuera del país, por las acciones que tomaron en torno a la elección del fiscal general y adjuntos interinos, con apenas 9 miembros de una Comisión Permanente, conformada, pese a la oposición de más de 72 diputados que exigían, el pasado 31 de octubre, que se extendiera el período de sesiones ordinarias.
El incidente de la conformación de la CP y los fiscales interinos terminó incluso con lesiones a diputados de la oposición, al ser agredidos por militantes de los colectivos de Libre que fueron llamados por secretarios de Estado para “defender el gobierno de un golpe de Estado”, y un diputado opositor que sacó su arma de fuego ante la falta de acción de los guardias de seguridad que dejaban a los colectivos agredirlos sin darles refugio.
El gobierno de Estados Unidos anunció, esta semana, que suspendería las visas de varios diputados (incluyendo, se presume, los miembros de la Comisión Permanente) porque calificó la acción del 31 de octubre como antidemocrática e incitadora de la violencia. Acciones parecidas fueron tomadas por Estados Unidos en la vecina Guatemala, donde se alerta un golpe de Estado en ejecución, desde el Ministerio Público con asistencia de las cortes penales y el Congreso Nacional.
La oposición hondureña, liderada por el Partido Nacional, tomó la postura de asistir a la sesión extraordinaria para cuidar los curules, ante el temor de que la junta directiva podía suplantarlos con diputados suplentes de la bancada oficialista, pero no respaldar ninguna decisión en la agenda legislativa porque, a su criterio, era ilegal, pues fue convocada desde la Comisión Permanente (que desconocen) y no desde la misma Junta Directiva. Acciones similares tomaron las bancadas Liberales y del PSH. Votar, en ese contexto, indican, implicaba reconocer de facto todo lo actuado hasta ahora por la Comisión Permanente, incluyendo la elección “inusual” de los fiscales interinos.
La Junta Directiva, por su parte, estaba también atrapada en su propio laberinto legal, pues si convocaba desde la JD o la presidencia, como pedía la oposición, estaban dando un reconocimiento tácito a las “sesiones ordinarias” paralelas que convocó la oposición, en respuesta a la crisis del 31 de octubre, revirtiendo implícitamente todo lo actuado por la Comisión Permanente (la elección de los fiscales).
La bancada de Libre abogó en sus intervenciones por el retorno al camino democrático. Propusieron la promoción del diálogo y el consenso en lugar de la confrontación. Además, afirmaron que los temas en la agenda legislativa ya habían sido objeto de acuerdos previos y conversaciones para lograr consensos. También sugirieron la posibilidad de que la nueva junta directiva fuera más inclusiva y estuviera compuesta por miembros de “varios partidos políticos”.
Hasta que quedó claro que Libre no podría aprobar el paquete de amnistías que tenía en el anzuelo, debido a que solo contaba con 63 votos a favor, de los 65 que necesitaban para su aprobación, según la Ley Orgánica. Apenas 58 votos hubo a favor de una moción para nominar una nueva junta directiva. Un fracaso.
El presidente del Congreso, Luis Redondo, reconoció que los proyectos de amnistía tributaria municipal, vehicular, energética, migratoria y del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) no fueron aprobados en esta sesión y su discusión se pospuso hasta la próxima legislatura y todo terminó, de forma tan inusual como comenzó.
¿Pero qué ocurrió realmente?
Es lógico pensar que cuando Luis Redondo convocó a sesión lo hizo pensando que tenía los votos necesarios para pasar los proyectos urgentes que demanda la población y ratificar la Junta Directiva, con los cambios necesarios luego del divorcio con el Partido Salvador de Honduras; eso lo dijeron los mismos diputados del oficialismo que aseguraron contar con 70 votos. Pero luego el acuerdo se cayó.
El Partido Liberal manifestó en un comunicado que no podían participar porque la convocatoria era hecha desde una instancia que habían desconocido previamente, ¿significa eso que el acuerdo firmado por los liberales era hacer la convocatoria desde la presidencia del CN y no desde la CP? ¿Quién cambió esa convocatoria? Luis Redondo debe tener claro quién tomó esa decisión para saber en qué terreno está parado. Él es el elemento más débil en esta guerra de trincheras.
Luego vino el problema de los Calixtos. Después de los eventos del 25 de enero de 2022, cuando la victoria (que habían ganado con la mayoría de los votos) le fue despojada a Jorge Cálix y su Junta Directiva, para dársela a Redondo y la junta directiva del melismo, vino un intenso proceso de negociaciones en las cuales intervino el expresidente Zelaya, para recuperar un tercio de su bancada que había sido expulsada por la presidenta Castro. El acuerdo incluyó el control de algunas secretarías e instituciones del estado a cambio de apoyar los proyectos del partido, algo que se ha dado casi sin incidentes durante estos dos años.
Pero siempre existe el temor en las altas esferas del partido, de que Jorge Cálix quiera atreverse —nuevamente— a volar por su cuenta, saliéndose de la agenda oficial, que tiene como candidata más fuerte (hasta el momento) a la Ministra de Finanzas Rixi Moncada, quien no se preocupa mucho por esconder sus aspiraciones a ser presidenta del país.
Jorge Cálix y los Calixtos, se vuelve un tema urgente que resolver a lo interno, antes de enfrentar a la oposición. Se teme que su candidatura pueda provocar una división en el partido Libre que ponga en peligro la victoria. Y luego de fracasado en el intento de darle muerte cívica con la denuncia de la viceministra de Seguridad, de supuesta violencia de género, hace unas semanas, la elección de la nueva junta directiva se vuelvió otra oportunidad para destruirlo.
Esto fue lo que pasó: Jorge Cálix dejó claro en la mañana de ayer, a Carlos Zelaya, que él y los suyos no podían votar por ratificar a la junta directiva que les usurpó los puestos. Hay un límite hasta donde se puede humillar al derrotado. ¿Cómo pretenden que abrace a Rasel Tomé, que lo sacó a patadas de su silla? Entonces vino la amenaza. Si no votan con la línea del partido serán expulsados.
Cuando arrancó la sesión extraordinaria (legal o no) ya todos sabían en el legislativo que el partido Libre no contaba con los votos necesarios para aprobar nada. Pero siguieron adelante con la pantomima, para llevar a la bancada disidente al punto de decidir si votar o no por la Junta Directiva. Llegó el momento, Jorge Cálix ya había salido del hemiciclo y dejó en su lugar a su suplente, los Calixtos esperaron siete minutos para votar, elevando la tensión, discutieron entre ellos qué hacer, vieron que la votación estaba perdida, sus votos no eran determinantes y votaron a favor de la JD. Lo que se había planeado para evidenciar la “traición de los Calixtos” fracasó estrepitosamente.
Es la segunda vez que se intenta sacar de escena a Jorge Cálix y los Calixtos. Ellos saben que vendrá otro intento, antes incluso de lo que se imaginan. Pero Libre debe tener más cuidado, porque en su intento por deshacerse del “enemigo interno”, pueden arrastrar al partido completo.
Hoy la derrota del oficialismo adorna los titulares de todos los periódicos. Los diputados de Libre intentan mancar a la oposición como dispuesta a sacrificar las causas populares por sus propios objetivos, desconociendo que fue de ellos la decisión de hacerlo desde los canales incorrectos. Las formalidades sí importan en la guerra. Abrir dos frentes, uno interno y otro externo, solo los debilitará aún más a Libre. Porque a esta altura está claro que ni la oposición caerá nuevamente en la trampa (no tan fácilmente, a lo menos) ni Jorge Cálix se irá sin dar la pelea.
