En 2025, el Partido Liberal volvió a competir por el poder. Salvador Nasralla obtuvo 1,452,796 votos, quedó a unos 27 mil de la Presidencia y el liberalismo consiguió una bancada de 41 diputados. Después de años desplazado al tercer lugar del sistema político, el partido demostró que todavía podía reunir alrededor de su bandera a una parte considerable del electorado hondureño.
Aquella recuperación fue real, pero incompleta. Los votos volvieron antes que la autoridad.
Esa impresión quedó reforzada durante la conversación que sostuvimos esta mañana en +conscientes con Ramón Custodio, Octavio Pineda y Germán Lobo. Los tres describieron, desde posiciones distintas, un partido que conserva peso electoral, cuadros políticos, alcaldías y presencia territorial, pero que todavía tiene dificultades para convertir esa fuerza en una conducción reconocible y en decisiones institucionales compartidas.
Octavio Pineda habló incluso de una pérdida de institucionalidad y sostuvo que el Consejo Central Ejecutivo no está funcionando como el verdadero espacio donde se toman las decisiones del partido.
La afirmación tiene un peso especial porque no proviene de un adversario ni de un observador externo. Pineda forma parte del propio CCEPL. Su crítica apunta, por tanto, al funcionamiento de la estructura formal del liberalismo y no solamente a las disputas entre sus figuras más visibles.
El Partido Liberal tiene autoridades constituidas. Roberto Contreras ocupa la presidencia del Consejo Central Ejecutivo. La bancada cuenta con 41 diputados. Existen alcaldes, dirigentes históricos, corrientes internas y nuevas figuras con aspiraciones de liderazgo. A ese mapa hay que agregar el peso político de Salvador Nasralla, cuya candidatura produjo en 2025 el mejor resultado presidencial liberal desde la fractura de 2009.
El problema aparece cuando todos esos elementos deben transformarse en una línea política común.
Pineda describió un partido en el que conviven distintos centros de influencia, ninguno con capacidad suficiente para ordenar por sí solo al resto. En su lectura, el conflicto no puede reducirse a una confrontación entre Roberto Contreras y Salvador Nasralla. También intervienen la bancada, los liderazgos territoriales, sectores vinculados a Yani Rosenthal y Jorge Cálix, y figuras históricas que todavía conservan peso dentro de la organización.
La existencia de corrientes no constituye, por sí misma, una anomalía. Los grandes partidos suelen ser coaliciones internas y funcionan precisamente porque encuentran mecanismos para procesar esas diferencias. El problema del liberalismo actual aparece cuando esos mecanismos pierden fuerza y las decisiones empiezan a desplazarse hacia negociaciones paralelas o liderazgos particulares.
Germán Lobo introdujo durante el programa una distinción que ayuda a entender esa dificultad. “Membresía no es igual que estructura”, dijo.
https://oscarlestrada.com/bitacora/historia/historia-breve-del-partido-liberal-de-honduras/
El Partido Liberal conserva una base electoral importante. Sus alcaldes representan una porción considerable del voto municipal y existe militancia liberal en todo el territorio. Eso no significa, sin embargo, que la organización esté funcionando de manera coordinada.
Lobo sostuvo que todavía existen estructuras surgidas de las elecciones internas que no han completado plenamente sus procesos de juramentación y activación. La afirmación requiere una verificación más detallada para determinar su alcance exacto, pero coincide con el diagnóstico general expuesto durante el programa: la fuerza territorial del liberalismo no se traduce automáticamente en capacidad organizativa.
Pineda resumió esa situación con una imagen sencilla. Mientras no se resuelva el problema en la cabeza, dijo, difícilmente funcionará el resto de la estructura.
La candidatura de Salvador Nasralla complica todavía más ese proceso de reconstrucción.
Sería difícil explicar la recuperación electoral de 2025 sin reconocer el caudal político propio que Nasralla incorporó a la candidatura liberal. Pineda lo admitió durante la conversación y señaló la presencia de un electorado independiente que no necesariamente se identifica de manera orgánica con el Partido Liberal.
Lobo, por su parte, distinguió entre el voto duro que participó en las elecciones internas y el crecimiento posterior de la candidatura durante las generales. Esa diferencia permite entender el resultado de 2025 como la convergencia de dos fuerzas: la estructura histórica del liberalismo y un liderazgo capaz de atraer electores más allá de sus fronteras tradicionales.
Esa combinación resultó eficaz en las urnas, pero dejó sin resolver la relación entre el candidato y el partido.
En la práctica, Nasralla posee legitimidad electoral. Roberto Contreras posee autoridad formal dentro del CCEPL. La bancada controla una parte significativa de la representación institucional del liberalismo y sus negociaciones, y aún ninguno de esos espacios ha conseguido todavía absorber completamente a los otros.
La consecuencia empieza a sentirse en discusiones que trascienden la vida interna del partido.
Las reformas electorales ofrecen un ejemplo claro.
https://oscarlestrada.com/bitacora/poder/un-partido-liberal-de-honduras-antifragil/
Honduras se encuentra nuevamente discutiendo cambios a las reglas con las que llegará a las elecciones de 2029. Las propuestas abarcan desde la transmisión de resultados hasta la integración de los organismos electorales, el funcionamiento de las mesas y la posibilidad de establecer una segunda vuelta presidencial.
Con 41 diputados, el Partido Liberal será necesariamente uno de los actores centrales de cualquier negociación.
Sin embargo, Germán Lobo reconoció durante el programa que el partido todavía no cuenta con una posición suficientemente clara y unificada sobre esas reformas. Distintos sectores han formulado planteamientos y participado en espacios separados sin que exista todavía una línea institucional que ordene esas iniciativas.
La discusión sobre la segunda vuelta dejó esa situación particularmente expuesta. Los tres invitados coincidieron en considerarla necesaria o conveniente, pero ese acuerdo entre dirigentes no equivale todavía a una posición oficial del Partido Liberal.
La falta de conducción interna deja entonces de ser un asunto exclusivamente partidario. Cuando una organización con 41 diputados no consigue convertir las opiniones de sus dirigentes en decisiones institucionales, el problema empieza a afectar negociaciones que involucran al sistema político completo.
Algo parecido ocurre con la relación entre el liberalismo y el gobierno de Nasry Asfura.
Pineda sostuvo que dirigentes liberales negociaron posiciones con el Partido Nacional después de las elecciones y cuestionó la presencia de miembros de su partido en cargos dentro de la administración. Su preocupación no se limita a la existencia de esos funcionarios. Lo que le preocupa es el efecto político que producen sobre la imagen del partido.
Para buena parte del electorado, la frontera entre un liberal que acepta individualmente una posición en el gobierno y el Partido Liberal participando del gobierno puede resultar difícil de distinguir.
Ramón Custodio introdujo una diferencia importante. No existe, señaló, un acuerdo formal de cogobierno aprobado por el Consejo Central Ejecutivo. Al mismo tiempo reconoció que la presencia de liberales dentro de la administración puede producir, en los hechos, una relación que se asemeja a un cogobierno.
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Lobo fue más restrictivo con el término. Para él, la existencia de funcionarios liberales dentro del Ejecutivo no basta para hablar de cogobierno mientras no exista una agenda institucional común negociada entre ambos partidos.
Las tres posiciones no son idénticas, pero coinciden en revelar una ausencia de definición.
El Partido Liberal todavía no ha establecido con suficiente claridad cómo quiere relacionarse con el gobierno. Esa definición será cada vez más necesaria. Una bancada de 41 diputados no puede limitarse a declararse oposición. Tendrá que negociar determinadas decisiones, acompañar algunas iniciativas y rechazar otras. La diferencia entre una oposición institucionalmente responsable y una fuerza absorbida por acuerdos particulares dependerá, en buena medida, de la capacidad del partido para establecer reglas y prioridades antes de entrar a negociar.
La identidad constituye el otro desafío.
Durante el programa resultó relativamente sencillo reconstruir las disputas internas, identificar los distintos centros de poder y discutir el funcionamiento de las estructuras partidarias. Fue más difícil precisar qué distingue hoy al liberalismo, en términos políticos y programáticos, del Partido Nacional y de Libertad y Refundación.
Pineda habló de institucionalidad, respeto a la Constitución y renovación generacional. Custodio puso énfasis en el Estado de derecho y en la posición internacional de Honduras. Lobo insistió en la organización política y en la necesidad de liderazgo.
Son elementos relevantes, pero todavía aparecen dispersos.
Durante las últimas elecciones el liberalismo recuperó capacidad para competir, aunque todavía no consigue proyectar con la misma claridad una identidad que explique qué sectores sociales pretende representar y qué modelo de país propone construir.
Esa dificultad tiene raíces profundas.
La crisis de 2009 no significó solamente una derrota electoral posterior. El Partido Liberal perdió una parte de su base social, dirigentes y organizaciones que terminaron participando en la construcción de Libertad y Refundación. Con el paso de los años, perdió también el lugar casi automático que había ocupado dentro del viejo bipartidismo hondureño.
Las elecciones de 2025 demostraron que aquella caída no era irreversible.
La recuperación, sin embargo, abrió una etapa distinta.
El problema principal ya no consiste en demostrar que el Partido Liberal puede conseguir votos. Eso quedó probado.
Ahora debe convertir ese respaldo en organización, autoridad y proyecto político. Necesita reconstruir espacios donde las diferencias puedan resolverse institucionalmente, definir la relación entre sus liderazgos y establecer una línea reconocible frente al gobierno y frente a los grandes debates nacionales. Eso todavía no sucede.
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