Entrevista a Tomás Andino, Tegucigalpa, marzo de 2019, para el libro Héroes y villanos del golpe de Estado.
Tomás Andino, sociólogo. Es de la corriente trotskista. Formó parte del Frente contra el golpe de Estado, buscando alimentar el proceso con pensamiento intelectual. Ve la crisis del 2009 como parte de una crisis global del modelo de producción capitalista. Según indica, es en la contradicción que genera el neoliberalismo en donde se puede encontrar la raíz del golpe de Estado.
«Un gran factor que está detrás del golpe de Estado es la contradicción que se da a nivel de las clases dominantes de nuestro país», indica.
«La clase dominante del país es víctima de una fractura que tiene relación con los cambios del capitalismo a fines de los años noventa, en donde se dio en Centro América, pero sobre todo en Honduras, una entrada masiva del capital internacional sobre diversas áreas productivas, sobre todo la banca.
Durante ese tiempo, muchos bancos que tenían un origen nacional fueron quebrando o fueron absorbidos por otros bancos internacionales; también en el área de telecomunicaciones, en donde el capital transnacional entra con fuerza; el área de las industrias extractivas, porque durante todos los años noventa, desde Callejas a Maduro, se dieron lugar a una serie de leyes y reformas que sirvieron como base para la inversión capitalista vinculadas al capital monopólico internacional.
Esto generó contradicción con otro sector de la clase dominante que venía viviendo de los modos tradicionales de dominación y explotación en el país: mercados cautivos, terratenientes, agro exportadores que venían creciendo desde los años 80.
Este cambio genera al interior de los partidos políticos importantes contradicciones entre sectores modernos que representan esta transnacionalización y los grupos ligados a las tradicionales formas de explotación.
En esos cambios, los más beneficiados fueron los nacionalistas ligados a Maduro. Los liberales pudientes tuvieron que conformarse con quedar en un segundo plano, al margen de la transnacionalización de la economía hondureña.
Esos grupos menos vinculados a la expansión capitalista se alían entre ellos, independiente del partido al que pertenezcan, en contra de otros sectores, también disperso en distintos partidos, pero más en el Partido Liberal, que está compuesto por esos sectores tradicionales terratenientes y comerciantes de que hablo. Es una pugna entre grandes transnacionales y sus socios industriales versus terratenientes, comerciantes e industriales tradicionales con una mayor raíz nacional.
Esta penetración capitalista entra con tanta fuerza durante el gobierno de Maduro, que se genera una contradicción muy fuerte con los sectores populares, es allí cuando en 2003 se da una de las más grandes movilizaciones sociales que ha habido en el país y nace la Coordinadora Popular en defensa del agua, que era el recurso al rededor del cual se estaba organizando el nuevo modelo de país.
Maduro sufre una derrota política, porque el movimiento era tan fuerte que lo hizo retroceder en varios puntos. Esa derrota crea una crisis en el gobierno de Maduro que deja un debilitamiento de su poder electoral en el Partido Nacional, y también de sus aliados en el Partido Liberal, que eran los que estaban vinculados a Micheletti y Carlos Flores.
Dentro del Partido Liberal que estaba en la llanura en ese momento, hay un sector burgués y de clase media que levanta cabeza con la derrota política del rodismo, que hasta ese momento habían contemplado a Rafael Ferrari como candidato, y es el sector que representa Manuel Zelaya.
Manuel Zelaya representa a esa clase media y sectores burgueses relegados del poder y de las influencias y beneficios que estaban ganando los sectores ligados a las transnacionales. Esta alianza se da en el momento cuando el prestigio de las instituciones políticas del país está muy decaído, luego de las reformas electorales de 2001 y de las contra reformas de 2004, al grado que Mel Zelaya gana las elecciones con al rededor de un 25% del electorado nacional.
El huracán Mitch en Honduras tuvo consecuencias sociales, políticas y económicas fuertes. A nivel económico golpeó fuertemente al sector más tradicional de la economía vinculada al campo. Los sectores industriales y transnacionales no fueron muy afectados por el fenómeno, económicamente. Esto hizo que se exacerbara el conflicto entre clase.
A nivel social, el Mitch generó una reconstrucción del movimiento social que venía desde la huelga del 54 y para el 98 ya estaban acabadas; se reconstruye a nivel de base regional, que es el que tenemos hasta ahora y es el que ha sobrevivido, después del derrumbe de las centrales obreras como liderazgos sociales.
Hablando específicamente del movimiento social. Este nace en los noventa con las primeras medidas económicas de Callejas, los grandes sindicatos fueron derrotados en esa época y el eje se traslada al campo. En las ciudades, el magisterio decayó, se dividió y no es sino a fines de los noventa que comienza a recuperarse, que reconocemos en el surgimiento del patronato de occidente en Santa Bárbara, la COPA en Colón y el Bloque Popular que surge a principios del 2000 en Tegucigalpa y San Pedro Sula.
Estos elementos nacionales se articulan con otros factores internacionales muy importantes: la crisis financiera de 2008 que llega a una situación de incapacidad del imperio norteamericano para dar las facilidades a los burgueses nacionales, ya que el sistema estaba tratando de salvar a los grandes capitales de los bancos. La cooperación internacional disminuyó a niveles mínimos. Es así com Manuel Zelaya se encuentra a mitad de su gobierno con una realidad que el imperio no tenía capacidad de satisfacer las exigencias del sector burgués nacional.
Era tal la situación que, hasta sectores conservadores de la burguesía nacional, como Fito Facussé, muy resentidos porque las cuotas de exportación a EEUU fueron disminuidas ante la necesidad de Washington de proteger su economía y los empréstitos estaban duros, haciendo casi imposible acceder a capital fresco, ven y animan a Mel a ver al sur.
Ese es el otro factor importante en la ecuación, el Chavismo, que en 2008 aún estaba en crecimiento y tenía capital flexible, que solo necesitaba de demagogia para acceder a ello.
Comienza con el ingreso de Petrocaribe, que no es un tema solo de Honduras, es una situación regional ante la necesidad de todas las élites del continente a acceder a capital.
En 2008, cuando Mel Zelaya ve que la cúpula empresarial nacional, coachada por los gringos, se resiste a entrar a Petrocaribe, rompe con ellos y se genera una alianza con el movimiento social que había sido la resistencia a las medidas neoliberales en todos los años noventa.
Esa alianza de Mel Zelaya con el movimiento social rompió con un proceso político de lucha que venía creciendo desde los 2000, la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular.
El movimiento social tenía una visión distorsionada en ese momento de la idea de acceder al poder. Digo distorcionada, porque con esa alianza no es al poder popular al que se estaba accediendo. Se pretendió que, con esa alianza, apoyando a un sector burgués que estaba ya en el poder, el movimiento social podía tener acceso al gobierno y desde allí hacer las reformas sociales que se requieran.
Lo que no tomaban en cuenta era que ese sector burgués no estaba interesado realmente en hacer grandes reformas sociales, mas que alguna que otra concesión inmediata para ganar el apoyo popular, como el aumento al salario mínimo que se dio, la legalización de la tenencia de la tierra que se dio en esa época que benefició a los sectores campesinos.
En los primeros dos años el gobierno de Manuel Zelaya se comportó como cualquier gobierno tradicional. Reprimió al sector campesino, reprimió fuertemente a los maestros e incluso antes del golpe de Estado, el único maestro muerto en luchas fue en una manifestación contra el gobierno de Manuel Zelaya Rosales. El movimiento de las comunidades anti- mineras fue duramente reprimido, con bala viva.
Mel Zelaya se comportó como cualquier gobierno burgués del país, fue el que más apoyó el auge de la penetración transnacional, una de sus primeras medidas fue ratificar los protocolos que siguieron al convenio de 2005 del Tratado de Libre Comercio con EEUU, que era un tratado desnacionalizador.
Nada de eso fue cuestionado, nada de eso fue cambiado. El único cambio que hubo fue después de la crisis financiera, cuando el vacío que deja Estados Unidos voltean sus ojos de manera oportunista hacia el sur en busca de recursos frescos y fáciles y no tan condicionados como estaban dando los gringos. Es cuando se produce la alianza con el chavismo y la fractura política de la clase dominante que tenía vínculos muy fuertes con los sectores económicos transnacionales, que era el sector menos debilitado del país y que sentían que tenían mucho que perder con esa alianza con el Alba.
Por otro lado, el temor que le causó a estos sectores rancios de la oligarquía, un movimiento social con un acceso a los sectores de gobierno, el sector campesino, obrero, ambientalista, echándole por la borda todas las medidas neoliberales, todo lo que habían construido en las últimas dos décadas, les aterraba.
El temor a que Mel Zelaya perdiera el control de ese movimiento hace que se decida apoyar el golpe, incluso no con la venia inmediata de los norteamericanos, que estaban apostando a sacar a Mel pero por una vía de desgaste. La oligarquía se hizo un bloque en contra de Mel y los norteamericanos no tuvieron más que sumarse.
Mel Zelaya, en su alianza con el movimiento social, logró erigirse como un líder nacional indiscutible, que alcanza mimetizar su carácter de clase, su proyecto económico político con un ropaje socializante, hablando de liberalismo social, y luego de socialismo democrático, un discurso más cercano a la social democracia que ocultaba sus orígenes de clase.
Mel Zelaya fue presidente de la asociación de madereros, uno de los más grandes depredadores del bosque en Olancho. Recuerdo que cuando se daban las tomas del Movimiento Ambientalista Olanchano, Mel Zelaya llegaba y la gente lo rechazaba porque estaba identificado como un explotador de los bosques.
Eso cambió después del golpe, porque Mel Zelaya se convirtió en una figura nacional e internacional que trasciende a la Historia como una persona que se identifica con las reformas sociales y el movimiento social en Honduras, tan necesitado de victorias y liderazgos que le lleven a algún tipo de progreso en su movimiento le tomó como un ícono que representara sus anhelos de mejoría social.
En la Asamblea Nacional Constituyente, Mel lo que buscaba era democratizar el Estado capitalista, que estaba secuestrado por una élite reducida. Él quería un Estado que tuviera una mayor apertura para que los otros sectores a los cuales él representaba que habían estado marginados de los privilegios y de la toma de decisiones y que hubiera más apertura en ese campo para la clase media y los sectores burgueses no privilegiados. Un proyecto nacionalista burgués.
Este proyecto tuvo el respaldo de los sectores sociales en el área rural, que Mel Zelaya captó a través de una metodología que aún hoy siguen usando los gobiernos actuales, que es la compensación a los sectores sociales más desposeídos a través de los bonos.
El melismo fue favorecido con el golpe de Estado, se erigió como una fuerza política de primer orden. Mel Zelaya hubiera pasado a la Historia, si hubiera terminado de hacer su gobierno, como un gobierno que provocó una constituyente para reelegirse. El procedimiento fue el correcto, por la vía de la consulta y la constituyente. Pero al nunca especificar sus objetivos se dio lugar a mucha especulación.
Buscaba abrir el espectro político a los sectores burgueses excluidos y algunos sectores populares siempre que hubiera un control. Aunque él tendría que haberle dado concesiones al movimiento social, pero no al punto que los dirigentes del movimiento social se imaginaban, porque el proyecto de Mel no era un proyecto popular, era un proyecto burgués, pensado para su sector de clase.
Cuando sucede el golpe de Estado el movimiento social fue sorprendido, no estábamos preparados para impedir que tuviera éxito. Si bien el golpe también obliga al movimiento social a improvisar una respuesta, que lamentablemente no fue volver a la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, sino que se hace en asocio con el liderazgo político de Manuel Zelaya y esos sectores del partido liberal que venían huyendo. Eso hizo grande al movimiento, incluso más en volumen que en la época de la Coordinadora, pero dependiente.
Todo lo que se decidía era consultado con el líder que ni siquiera estaba en el país. Hasta sus pasos políticos más cuestionables, como someterse a los diálogos, fueron asumidos, aunque la consigna del movimiento social era no someterse a los diálogos, pero cuando Mel entra no tiene más que adaptarse. Eso frenó el ímpetu de la resistencia que traía mucha fuerza.
Hubo un momento incluso, como el 5 de julio (de 2009), cuando los sectores burgueses y oligárquicos temieron que iban a perder el poder. Después de eso, la consigna de hacer un movimiento pacífico, no confrontativo, que no se defendía, y desmontar otras iniciativas populares como las huelgas organizadas por los obreros, dañaron su capacidad de lucha.
A finales de julio (de 2009) los obreros organizaron una huelga en el sector público que fue desmontada porque todos los obreros que iban a participar en ella se fueron a El Paraíso a recibir a Mel. Mel seguía una dinámica independiente sin tomar en cuenta los ritmos del movimiento social en sí y arrastraba al movimiento social. Por eso nunca los sectores populares fueron capaces de articular una respuesta contundente para revertir el golpe de Estado, porque estaban dependientes de la reacción de Mel y este en sus propias negociaciones.
Hubo mucha controversia con toda esta situación al interior del movimiento social, es por eso que surge un sector al interior del movimiento de resistencia que se hace llamar «Espacio Refundacional» que buscaba separar el movimiento social del caudillo político.
El movimiento social ya traía una trayectoria muy positiva cuando desde el seno del mismo se levanta la candidatura independiente de Carlos H Reyes. Eso fue uno de los más grandes hitos de la historia del movimiento popular hondureño. La candidatura luego se renuncia en el contexto del golpe. La gente no estaba pensando en ir a votar, sino en derribar a un gobierno golpista. Haber participado en las elecciones como lo hizo la UD habría significado lavar el golpe de Estado. Ese fue uno de los puntos que muestra la madurez del movimiento popular que vio la calle como su terreno de lucha.
Cuando se da el ingreso de Mel al país, en septiembre de 2009, se produce un levantamiento popular en Tegucigalpa que hizo que la policía no se viera a basto con el movimiento social que se estaba dando. Pero el liderazgo lejos de reconocer esa coyuntura y profundizarla, llama nuevamente a las marchas pacíficas, desmovilizando el alzamiento. Saca la gente de los barrios para volver a las calles. El movimiento social estaba dirigido por una cúpula que nunca estuvo interesada en dar el salto a una insurrección. Ya para septiembre había preparación, ya se sabía bien cuales eran las condiciones de lucha.
Nos llegamos incluso a enterar por un error de boca de Israel Salinas, en una asamblea del movimiento de Resistencia, que en ese contexto ha habido pláticas no consultadas con la base, entre la dirigencia de la Resistencia y la Embajada Americana. Eso sorprendió a muchas personas.
Eso pone un freno en la lucha popular contra el golpe de Estado al hacer eco de esas estrategias que Mel miraba de cara a sus propios objetivos políticos.
Sin decir con esto a que es incorrecto que se creen partidos políticos desde una visión burguesa, la creación del partido Libre fue otro retroceso para el movimiento social. No se puede crecer en el movimiento social bajo el paraguas de un líder de la burguesía que no es antisistema, no lo era antes, cuando confrontaba por intereses propios de su sector de clase capitalista burguesa, menos ahora que es parte del sistema.
Todo comienza a detenerse con la expectativa de que se iba a resolver todo en las elecciones de 2013. Allí se marca la derrota política de ese movimiento que inició en 2009.
Luego del fraude electoral de 2013, el movimiento popular se desmoraliza y los sectores oligárquicos le dan los golpes más duros que terminan desintegrando cualquier capacidad de lucha del movimiento. Se dio incluso el fraude y la Resistencia no fue capaz de responderlo porque entre Zelaya y Pepe Lobo había un pacto político para la estabilidad, para evitar que las cosas pasaran del campo electoral.
El movimiento social quedó reducido a un pequeño grupo sin arrastre de masas. Es la juventud que cuando ocurrió el golpe eran niños quienes vienen a rescatar los espacios de lucha en 2015, en la Universidad y luego el movimiento indignados, que arrastró a las bases de la Resistencia sin la dirección de su liderazgo. Ese movimiento puso en crisis momentáneamente al gobierno y se vio incluso obligado a ceder ciertos espacios, si bien tampoco logró el triunfo.
Es en este punto también en donde podemos marcar, paradógicamente, el cenit del triunfalismo que venía experimentando la oligarquía ahora representada por Juan Orlando Hernandez, con el desgaste de la imagen que sufre en 2015 luego del movimiento indignados y ese desgaste se manifiesta a través de la relación del gobierno de Honduras con Washington.
Después del golpe de Estado, esos cinco años entre 2009 y 2014, el país queda aislado de los organismos financieros, no hubo capacidad de inversión y la economía se deprimió. Para sobrevivir a esa crisis fue necesario para los sectores capitalistas vincularse con el capital del narcotráfico que venía huyendo de México y se refugiaron en Honduras como retaguardia de la guerra, desplazan a los colombianos. El gobierno golpista, para oxigenarse, se nutre de los capitales que trae el crimen organizado. Washington lo sabe, pero no hace nada porque necesita se detenga al movimiento social que está en las calles luchando y podría crecer sin contención.
Una de las características de los gobiernos que son penetrados por el capital del narcotráfico, es que tienen como lógica no someterse a controles, lograr cierta independencia de los Estados Unidos. A ellos les interesa diversificarse, anclarse en otros lados. Es por eso que vemos como durante ese gobierno de Pepe Lobo se da un giro en la política internacional, se diversifican las relaciones diplomáticas y de financiamiento, busca relaciones con el sur, China, Palestina, Cuba. Pepe incluso se adhiere al CELAC, que estaba en competencia con la OEA. Hay una serie de pasos del gobierno de Pepe Lobo que luego Juan Orlando replica incluso al llegar a convenios con Rusia. Arturo Corrales llegó incluso a establecer un convenio de cooperación para la seguridad interna con Rusia.
Esto nos muestra además que las contradicciones entre la clase oligárquica que existían antes del golpe, cuando Mel Zelaya, siguen presentes y siguen influyendo en las decisiones políticas y económicas de los dos gobiernos nacionalistas después del golpe de Estado.
Obama, ya para fines de 2015 entró en contradicciones con Juan Orlando, viene y aplican una política de control desde arriba. Para debilitarlo, le quita la base adentro de la burguesía. Es cuando aparece la MACCIH y comienzan los juicios a capos del narcotráfico y sus socios locales que le apoyaron económicamente. Así como ocurrió en Guatemala, en donde también se le había salido de control a los gringos luego de la crisis de 2008, incluso Pérez Molina llegó a plantear el fracaso de la guerra contra las drogas.
Vemos como entonces el gobierno de Estados Unidos utiliza el tema de la lucha en contra de la corrupción como una forma de recuperar el control en los países de América Latina.
La principal muestra de esa contradicción con los Estados Unidos, es cuando Juan Orlando, como antes había buscado hacer Mel, plantea construir el aeropuerto comercial en Comayagua.
Hubo un momento en donde la Embajada apoyó a Luis Zelaya como un posible sucesor de Juan Orlando en la administración del país. Pero luego los demócratas pierden las elecciones y Trump replantea las cosas.
Por un momento Trump estaba en la línea de la política de Obama para con el gobierno de Juan Orlando: no lo recibieron en Estados Unidos, no se nombró embajador para Honduras, no se le renovó la cuenta del milenio y se le declaró país corrupto, había una lejanía del gobierno de Estados Unidos para con el gobierno de Hernández. Pero la oposición política en Honduras que estaba prevista que fuera Luis Zelaya no cuajó, no fue capaz de controlar las estructuras del partido Liberal y a Salvador Nasralla, aliado con Mel Zelaya (que había sido relegado del escenario político por el movimiento indignado desde 2015 y venía sufriendo una decaída en su popularidad) se le seguía viendo como un aliado del chavismo.
Ya para las elecciones de 2017, al no haber alternativa política para reemplazar a Juan Orlando Hernández, se decide por mantener lo que hay y apoya lo que estaba ya más doblegado por los juicios que había venido aplicando desde el 2015.
Poco antes de las elecciones ya se había venido dando también un giro de la política exterior de Honduras en su relación con Estados Unidos, se le retira su apoyo a Palestina, que había dado Pepe Lobo, y se le da el apoyo a Israel, anunciando incluso el traslado de la embajada a Jerusalén. Hay un alejamiento de Juan Orlando con Ortega, con quien había sido muy cercano al principio. Pero sobre todo el alineamiento con la política con Venezuela.
Hasta ahora el movimiento social no ha logrado superar su dependencia del liderazgo político, desgastado ya, que ha demostrado no ser realmente consecuente con su discurso nacionalistas, burgués, democrático. Ha intentado hacerlo, por ejemplo, ese giro a la izquierda que hizo Mel después de la crisis electoral, como cuando va y se da un baño de gas para refrescar su imagen con la base del partido, pero que sin embargo no goza de la confianza y el apoyo nacional por sus inconsistencias políticas.
Tenemos un movimiento social que mantiene la separación de lo político electoral del plano estratégico del movimiento social. Antes se luchaba por una sociedad antisistema, ahora no hay una fuerza que lo anime a articularse. Está desgastado, no solo por la represión y ausencia de independencia política, sino también por las transformaciones que ha sufrido el capitalismo adentro del país.
Otros sectores de la sociedad civil han sido captados por el imperio que ha sabido tener la habilidad de construir vínculos importantes con ellos. Está la ausencia de una alternativa política realmente a la izquierda y las que existen son aún muy reducidas. Hay una gravitación del poder imperial muy determinante en la vida política nacional, incluso más que en el pasado.
Hay una situación económica que, si bien no hace crisis para la burguesía, mantiene una situación de desesperanza y desesperación a la gente que, aunque existen condiciones para un alzamiento popular, no lo logra por falta de liderazgos e ideas de relaciones con los liderazgos políticos.
Hay, de 2003 a la época, un retroceso en todos los campos del movimiento social. Ya no hay espacios de coordinación de lucha y eso ha dañado mucho la lucha. Pero también ha habido en diez años un serio desgaste de la figura de Mel Zelaya, tanto a nivel nacional como de su base que está descontenta con la forma como ha conducido las cosas, la forma impositiva con que actúa, la sospecha de tratos con Juan Orlando Hernández.
Para que el movimiento social pueda levantar la cabeza es necesaria la negación de todo lo viejo y entre ello está el liderazgo de Mel Zelaya.

