Hasta hace poco, la pregunta era más difícil de responder. Sí, el revés recibido en enero de 2022 fue grande, la campaña constante, como una horda demoledora, destructiva, pero aún quedaba la posibilidad de encontrar un espacio desde donde crecer al interior del partido. Hoy todo eso se ha perdido. La respuesta, pues, es más simple. Este artículo busca llamar la atención de Jorge Cálix para que se salga de una vez por todas del partido Libre, con todo el pesar que eso le pueda traer, para que se atreva a construir una trinchera en otras avenidas, ahora, antes que sea demasiado tarde.

Siempre he creído que la política hondureña es de parricidios. En un ambiente como el nuestro, donde el caudillismo tiene siempre, no la última palabra sino la única, nunca un líder joven ha podido alzar vuelo por su cuenta. Siempre ha sido enfrentando al padre político, al líder. Y casi siempre esa pelea la ha perdido el más joven, aunque tenga el tiempo de su parte, las estructuras juegan en contra.

A lo largo de la historia, hemos visto cómo jóvenes líderes han sido sofocados por figuras dominantes que se niegan a ceder el poder. Un caso emblemático es el de León Trotsky en la Unión Soviética. Trotsky, una figura clave en la Revolución Rusa, se encontró en constante conflicto con Joseph Stalin. A pesar de su brillantez y contribuciones, Trotsky fue sistemáticamente marginado, exiliado y finalmente asesinado. La lección aquí es clara: cuando un caudillo siente que su poder está amenazado, utilizará todos los medios a su disposición para eliminar la competencia.

Tenemos también a Moïse Katumbi en la RDC. Katumbi, un ex gobernador y hombre de negocios influyente, se enfrentó al presidente Joseph Kabila. Fue acusado de corrupción y traición, y se le impidió participar en las elecciones. A pesar de su popularidad, Katumbi tuvo que exiliarse.

Jorge debe comprender que permanecer en Libre solo servirá ya para desgastar su imagen. La lealtad a un partido es importante, pero no a costa de su integridad y potencial político.

En muchos casos, los líderes emergentes que han desafiado el status quo y han formado nuevos movimientos han tenido un impacto significativo. Andrés Manuel López Obrado es un ejemplo notable. Después de años de luchar dentro del PRD, AMLO decidió formar su propio partido, MORENA. Esta decisión fue arriesgada, pero finalmente le permitió llegar a la presidencia y llevar a cabo su visión de transformación nacional.

Otro ejemplo es el de Luis Abinader en la República Dominicana. Abinader, actual presidente del país, logró desafiar el dominio de los partidos tradicionales. En un entorno político dominado históricamente por el PLD y el PRD, Abinader, liderando el PRM, supo canalizar el descontento de la población y la necesidad de un cambio auténtico. Su éxito en las elecciones de 2020 demuestra que es posible romper con las estructuras establecidas y crear una nueva dinámica política. No solo desafió a los caudillos tradicionales, sino que también ofreció una visión renovada para su país, enfocada en la transparencia, la lucha contra la corrupción y el desarrollo sostenible.

Otro ejemplo es el mismo Mel Zelaya, que al confrontarse a Carlos Flores y demás figuras preponderantes del Partido Liberal, terminó fracturando esa entidad política y formando su propio partido, con el resultado que todos conocemos. Cualquiera diría que Mel aprendería la lección de su propio ejemplo, pero gallina que come huevo aunque le quemen el pico.

Abandonar el partido Libre, controlado por Mel y su círculo cercano, no significará el fin de la carrera política de Jorge Cálix. Al contrario, puede ser este el comienzo de algo más grande. Formar un nuevo movimiento político no será una tarea fácil, pero ofrece la oportunidad de construir una base sólida de apoyo sin las cargas del pasado. Es posible.

En España, Pablo Iglesias y el partido Podemos surgieron como una respuesta a la crisis económica y política. Iglesias, un joven profesor universitario, entendió que las estructuras políticas tradicionales no ofrecían soluciones a los problemas actuales. Podemos se convirtió en una fuerza política importante al canalizar el descontento popular y ofrecer una visión alternativa. Este ejemplo muestra que los nuevos movimientos pueden ganar terreno rápidamente si logran conectar con las necesidades y aspiraciones de la población.

Jorge debe reconocer que su autonomía política es fundamental para su éxito a largo plazo. Permanecer bajo el control de un caudillo limita su capacidad para tomar decisiones y desarrollar políticas que reflejen sus propias convicciones y las necesidades de sus seguidores. La autonomía permite a los líderes emergentes ser fieles a sus principios y responder de manera efectiva a las dinámicas cambiantes del entorno político.

La decisión es difícil, pero necesaria. La historia está llena de ejemplos de líderes que han sido sofocados por caudillos dominantes, así como de aquellos que han prosperado al tomar decisiones audaces y seguir su propio camino. Jorge tiene la oportunidad de convertirse en una fuerza renovadora en la política hondureña, pero para hacerlo, debe liberarse de las restricciones que le impone su partido.

Al mirar hacia adelante, Jorge debe considerar las lecciones del pasado y las realidades del presente. Abandonar el partido controlado por Mel Zelaya no es solo una estrategia política, sino una necesidad para preservar su integridad y potencial. Es el momento para que dé un paso adelante, se libere de las cadenas del pasado y comience a construir un futuro basado en su visión y compromiso con el cambio. La historia estará de su lado, si tiene el coraje de actuar ahora.